El día que se comieron a Richard Parker

La primera vez que se comieron a Richard Parker fue en una historia creada por Edgar Allan Poe: Las aventuras de Arthur Gordon Pyme. Se publicó por entregas en 1837, y en forma de libro en 1838.

La casa armadora estaba equipando al bergantín Grampus. Al poco de iniciarse el viaje se produjo un motín a bordo.  Quedaron cuatro supervivientes: Arthur, Augustos, Peters y el grumete, Richard Parker.

La falta de alimentos y la escasez de agua les llevó a tomar una decisión extrema. El grumete propuso la idea de que uno de ellos debía morir para salvar la vida de los otros.

Arthur, que no estuvo de acuerdo, cedió a la locura a condición de que esperasen un día más, por si divisaban algún barco que pudiera rescatarlos.

Cuando pasó el plazo estipulado se decidió echarlo a suertes, quien sacara la pajita más corta sería sacrificado. La suerte jugó en contra de Richard Parker, que fue ejecutado.

Después de beber su sangre arrojaron al mar las manos, los pies y la cabeza. El resto fue racionado y comido por sus compañeros. No dudaron ni un instante, estaban desesperados.

Unos días después consiguieron comida. Más tarde fueron recogidos por una goleta. Sin contar lo que había sucedido, Arthur Gordon Pyme continuó con sus aventuras.

La embarcación Mignonette

El barco de Richard Parker

El 14 de mayo de 1884 La Mignonette salió de Southampton con rumbo a Australia. La tripulación estaba compuesta por el capitán DudleyStephens, el marinero Brookes y el grumete, Richard Parker.

El cinco de julio, a 1 600 millas del Cabo de Buena Esperanza, les sorprendió una violenta tempestad. Apenas les dejó tiempo para saltar a una chalupa. Instantes después el barco se hundió.

El decimonoveno día, el capitán Dudley insinuó a Stephens y a Brookes la posibilidad de sacrificar a uno de los cuatro para prolongar la vida de los otros.

Richard Parker, enfermo, no pudo tomar parte en la discusión. Ni tan siquiera se enteró. El capitán Dudley decidió echarlo a suertes, pero Brookes se negó a semejante atrocidad.

Más tarde, Dudley y Stephens, en aras de su propia salvación, sugirieron que, como ellos tenían mujer e hijos, lo más adecuado sería sacrificar a Richard Parker. El capitán Dudley dejó claro que así se haría.

Dudley ejecutó al grumete sin que este supiera el final que le esperaba. Después de beber su sangre fue racionado y comido por sus compañeros. Cuatro días después un buque alemán los recogió.

Juicio por la muerte de Richard Parker

Una vez en tierra contaron lo que había sucedido. El primer juicio se celebró desde el punto de vista del derecho penal. Para el segundo juicio se utilizó el derecho natural.

Derecho penal

El derecho penal absolvió y puso en libertad a Brookes. Había participado en el engullimiento de Richard Parker, pero  no tomó parte en el asesinato.

El capitán Dudley y el piloto Stephens no tuvieron tanta suerte. La Corte los juzgó sin tener en cuenta sus circunstancias y procedió a dictar sentencia de muerte contra los dos:

Por muy horrorosa que haya sido la situación, y aunque sus sufrimientos fueran de tal naturaleza que les hicieran caer en la tentación, mataron a un débil muchacho, que no les atacaba, para nutrirse de su carne.

Por esto, debemos declarar que la acción fue un asesinato premeditado. Los hechos, tal y como figuran, no constituyen la justificación legal del homicidio. En nuestra unánime opinión, los detenidos son culpables de asesinato.

Derecho natural

Después de analizar los bienes y los males repartidos se juzgaron los hechos. El derecho natural no poseía un concepto determinado de la conducta punible, puesto que siempre había dependido de circunstancias contingentes.

El derecho de gracia de su majestad actuó, en este caso, en favor de los acusados. Se les conmutó la pena de muerte. Fueron condenados a seis meses de prisión argumentando, entre otras cosas que:

  • El sacrificio de la vida es sólo preparatorio para el empleo del cuerpo como alimento.
  • El delito cometido no es un homicidio, sino un acto de canibalismo realizado a causa del hambre.
  • No hay que olvidar que el valor del bien que se salva debe ser superior al valor del bien que se sacrifica.